Por el Dr.José Antonio Lorente.- A
los 33 años Jesús, el hijo de María y José fue
condenado a muerte sin tener culpa alguna. El hombre
que llegó un día despojándose de su Realeza y
Divinidad para compartir su humanidad entre nosotros,
que había sembrado amor y las más altas aspiraciones
morales y éticas de una convivencia superior, se
enfrentó a las huestes del mal en su hora cumbre.
El averno
celebró su muerte por poco tiempo y ante la
estupefacción del mundo de entonces, el de hoy y con
toda seguridad del mañana; fue capaz de vencer a la
muerte, y al vencerla sustentó nuestra fe
resucitando al tercer día tal y conforme lo había
anunciado ante sus discípulos. La "peor" muerte de
la época, aplicada solo a los más feroces criminales
de entonces, no pudo con Cristo y él, hoy como ayer,
está glorioso entre nosotros, por lo siglos de
siglos.
Jesús transpira sangre: Hablan los evangelios que
Jesús comenzó a sudar sangre cuando oraba, en el
monte de los Olivos, específicamente en el jardín
del Getsemaní. Esta situación en una condición
médica llamada "hematidrosis", que no es común pero
se suele dar cuando hay un alto porcentaje de
sufrimiento psicológico.
Parece ser que la ansiedad severa, hace provocar una
secreción de químicos que rompen los vasos capilares
en las glándulas sudoríparas. Por tal condición, se
presenta una cantidad de sangrado en las glándulas y
el sudor sale mezclado con sangre. Esto provoca que
la piel quede frágil de modo que cuando Jesús fue
flagelado, su piel ya estaba muy sensible.
El acto de la flagelación: Las flagelaciones romanas
eran conocidas por ser terriblemente brutales, ya
que de una manera general consistían en treinta y
nueve latigazos. El verdugo usaba un látigo con
tiras de cuero trenzado en cuyos extremos tenías
adosadas bolas de metal entretejidas. Cada vez que
el látigo golpeaba la carne, las bolas generaban
mayúsculos moretones y contusiones, las mismas que
se abrían con los demás golpes. En relación con el
látigo, este tenía pedazos de hueso afilados, los
que tenían como misión el cortar la carne.
La espina dorsal quedaba expuesta, ya que la espalda
terminaba desgarrada debido a cortes profundos Los
hombros recibían los latigazos, que pasaban por el
nivel de la espalda, las nalgas, y las piernas.
Durante el lapso que duraba la flagelación, las
laceraciones alcanzaban hasta los músculos y
generaban temblores de carne sangrante. En esta
condición, las partes internas quedaban al aire,
conjuntamente con los músculos, tendones y las
entrañas.
El cuerpo de la víctima, podía experimentar un dolor
tan grande, que terminaría con una conmoción
hipovulémica. Es decir que la persona sufre efectos
de la pérdida de una gran cantidad de sangre que
trae consigo que el corazón se acelere para tratar
de bombear sangre que no existe. La baja de presión
sanguínea provoca en estas circunstancias un desmayo
o colapso, con la consabida afección de los riñones,
que dejan de producir orina para mantener el volumen
restante y la persona comienza a sentirse sedienta
porque el cuerpo ansía fluidos para reponer el
volumen de sangre perdido.
En la ruta del Calvario: Sabemos que a estas alturas
Jesús se hallaba en una situación y/o condición
hipovólemica conforme ascendía por la pendiente
hacia el Calvario con la cruz a cuestas. Tambaleante,
Jesús se desplomó y un soldado romano le ordeno a
Simón que llevara la cruz por él. Mas tarde, Jesús
dice "Tengo sed" y en ese momento se le ofrece un
trago de vinagre.
El Instante de la Crucifixión: El final de Jesús fue
todavía peor que la crucifixión común. En aquella
época, no a todos los criminales condenados se los
clavaba en la cruz. Muchos más bien eran amarrados.
Jesús fue acostado y clavaron sus manos en posición
abierta en el madero horizontal, que era conocida
con el nombre de patibulum. El madero vertical
estaba clavado al suelo de forma permanente.
Los romanos usaban clavos
que eran de entre trece a dieciocho centímetros de
largo, afilados en una punta aguda y se clavaban por
las muñecas. El nervio mediano, era atravesado. Este
nervio, es el nervio mayor que sale de la mano y
quedaba triturado por el clavo que lo martillaba.
Este dolor es similar al que uno siente cuando se
golpea accidentalmente el codo y se da en ese
huesito (en el nervio llamado cúbito), pero ahora
imagine tomar un par de pinzas y presionar hasta
triturar ese nervio, ese dolor es similar al que
Jesús experimentó. Al romper ese tendón y por tener
sus muñecas clavadas, Jesús fue obligando a forzar
todos los músculos de su espalda para poder respirar.
El dolor era tan insoportable que literalmente no
existían palabras para describirlo. Se tuvo que
inventar una nueva palabra llamada "excruciante" (que
significa "de la cruz") para describir semejante
dolor.
Jesús Cuelga de la Cruz: Cuando Jesús fue alzado
para unir el madero con el poste vertical se
procedió a clavarle los pies. Nuevamente los nervios
de los pies fueron triturados y eso debe haber
causado un dolor similar al de las muñecas. En el
instante de estar en posición vertical, sus brazos
se estiraron brusca e intensamente, quizás unos 15
centímetros de largo y ambos hombros deben de
haberse dislocado (tome en cuenta sólo “la gravedad”,
para sacar su conclusión), con lo que se confirmaba
lo descrito en el Salmo 22 "dislocados están todos
mis huesos".
Cuando la persona está colgada en posición vertical,
la muerte es lenta, muy dolorosa y terriblemente
agonizante por asfixia, debido a que la presión
ejercida en los músculos pone el pecho en la
posición de inhalación. Para poder exhalar, en
principio, el individuo debía apoyarse en sus pies
-que para este instante estaban fijos con clavos al
madero- para que los músculos tensionados, se
alivien por un instante al menos. Cuando esto se
hacía, el clavo desgarraba el pie hasta que quedaba
fijado -incrustado- en los huesos tarsianos.
Después de este enorme esfuerzo para exhalar, la
persona podría relajarse en cierta forma y descender
para intentar inhalar otro bocado de aire. Este
drama lo repetiría mientras tuviera vida para
exhalar, magullando su lacerada espalda en forma
reiterada contra el áspero madero de la cruz, hasta
que ya no pudiese y entonces moría. Jesús soportó
este “sobrevivir” por más de tres horas.
Jesús Muere: Una persona, a medida que reduce el
ritmo respiratorio, pasa a una etapa que se conoce
con el nombre de acidosis respiratoria: el dióxido
de carbono de la sangre se diluye como ácido
carbónico lo que causa un aumento de acidez de la
sangre. Esta situación conlleva en cuestión de un
corto período a un pulso irregular. Es claro
mencionar que al sentir que su corazón latía en
forma errática, Jesús hubo de darse cuenta de que
estaba a punto de morir y es entonces que pudo
decir: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu"
y murió luego de un paro cardíaco.
Incluso antes de morir la conmoción hipovolémica
debe haber causado un ritmo cardíaco acelerado
sostenido que debe haber contribuido al paro
cardíaco, lo cual dio por resultado la acumulación
de fluido en la membrana que rodea al corazón
llamada efusión pericárdica, al igual que alrededor
de los pulmones, llamada efusión pleural.
El Corazón de Jesús es Traspasado: Por aquellos
tiempos, los soldados quebraban las piernas de los
crucificados para acelerar la muerte. Usaban para
ello una especie de lanza romana para descolgar los
huesos de la parte inferior de las piernas. Esta
acción, impedía que la persona empujara hacia arriba
con las piernas para poder respirar. Sin este
movimiento la muerte llegaba en poco tiempo.
Leemos en el Nuevo Testamento que los huesos de
Jesús no fueron quebrados o rotos como sí ocurrió
con los otros crucificados. Esto sucedió porque los
soldados confirmaron que Jesús había muerto. Así se
cumplió la escritura de Antiguo Testamento acerca
del Mesías, donde se lee que ninguno de sus huesos
sería quebrado. Para confirmar esta muerte, un
soldado romano le clavó la lanza en su costado
derecho, atravesando el pulmón derecho y penetrando
su corazón. Por ello, cuando se retiró la lanza,
salió un fluido claro como el agua seguido de un
gran volumen de sangre, conforme lo describe Juan,
uno de los testigos presentes, en su Evangelio.
También hay que mencionar las terribles
humillaciones que sufrió por el desprecio y las
miles de burlas, cargando su propia cruz por casi
dos kilómetros, mientras el gentío le escupía el
rostro y le lanzaba piedras. Hay que señalar que la
cruz pesaba cerca de 30 kilos, sólo en su parte
horizontal, región en la que clavaron sus manos.
Conclusiones de la Autopsia de Jesús: Conociendo la
lenta agonía y el mantenimiento de la conciencia
casi hasta el último instante, en base a todas las
consideraciones anteriormente expuestas, obtenemos
las siguientes conclusiones médico-legales como las
más probables:
Causa inmediata de la muerte: hipoxia-anoxia
cerebral(hipoxia es disminución de la concentración
de oxígeno en la sangre, y anoxia es la ausencia
total de oxígeno en la misma) consecuencia de
hipovolemia (disminución del volumen de san
gre)
post-hemorrágica, de insuficiencia respiratoria
mecánica (incapacidad para respirar adecuadamente
por falta de movilidad) por graves lesiones en
músculos intercostales, y de insuficiencia cardiaca.
Causa fundamental de la muerte: múltiples heridas
inciso-contusas, equimosis, erosiones, excoriaciones
y hematomas en la parte anterior y posterior del
tronco.
Origen de la muerte: “Criminal”. Así termina de
manera concluyente esta "autopsia" al cuerpo de
Jesús, basado estrictamente en los evangelios, las
citas históricas y toda la documentación compartida
para el rodaje de la película "La Pasión de Cristo"
de Mel Gibson.
*El autor de esta nota es el doctor José Antonio
Lorente, Director del Laboratorio de Identificación
Genética de la Universidad de Granada, España.
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